“Al pie de la letra”

Jonás 1: 10 Los marineros se aterraron al escuchar esto, porque Jonás ya les había contado que huía del Señor.
— ¿Ay, por qué lo hiciste? —gimieron. 11 Como la tormenta seguía empeorando, le preguntaron: — ¿Qué debemos hacer contigo para detener esta tempestad? 12 —Échenme al mar —contestó Jonás— y volverá la calma. Yo sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta.
13 Sin embargo, los marineros remaron con más fuerza para llevar el barco a tierra, pero la tempestad era tan violenta que no lo lograron. 14 Entonces clamaron al Señor, Dios de Jonás: «Oh Señor —le rogaron—, no nos dejes morir por el pecado de este hombre y no nos hagas responsables de su muerte. Oh Señor, has enviado esta tormenta sobre él y solo tú sabes por qué». 15 Entonces los marineros tomaron a Jonás y lo lanzaron al mar embravecido, ¡y al instante se detuvo la tempestad! 16 Los marineros quedaron asombrados por el gran poder del Señor, le ofrecieron un sacrificio y prometieron servirle.
Esta mañana, mientras leía el devocional “Al Rescate”, me vino a la mente esta parte de la historia de Jonás de la que no hablamos tanto.  Me preguntaba por qué tuvo él que decir: —“Échenme al mar “¿Por qué era necesario que los otros, que se vieron en ese problema por culpa de él, tuvieran que pasar el trabajo de echarlo al mar si podía lanzarse él mismo? Y Dios me recordó que:
Si Jonás no hablaba, no había confesión, ni testimonio, ni conversión de esos hombres. Jonás solo iba a ser ese loco que se tiró por la borda y la calma de la tormenta, una simple casualidad. Pero Dios ama demasiado a la humanidad como para dejar que se pierda.
El usará nuestro testimonio, aun nuestra desobediencia, para que otros crean.
Cuando queremos ser rescatados, cuando queremos que la tormenta cese, de nada sirve lamentarnos, quejarnos y pedir cuentas, de nada sirve intentar llevar el barco a puerto seguro por temor o por culpa.
Tenemos que hacer el esfuerzo, dar el paso en obediencia, aunque el problema lo haya provocado otra persona, aunque no parezca justo, aunque nos preguntemos mil veces si perderá la vida. La tormenta arreciará hasta que obedezcamos y  las consecuencias serán más devastadoras. Tenemos que saber que Dios es Dios, y si Él está a cargo, todo, inclusive la vida de esa persona, está en las mejores manos.
 Unas veces nos toca confesar y pedir ser lanzados al agua, otras veces nos toca hacer el esfuerzo, obedecer, y lanzar al agua. Nuestra labor es seguir las instrucciones al pie de la letra, sobre todo cuando hay más vidas en riesgo en ese barco.

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